Vivir en inglés

A pocos días para que se cumpla mi primer mes en este increíble país, he pensado que ya es momento de hacer balance sobre mis primeras impresiones.

Más de uno cree que, si bien sólo han transcurrido 20 días, ya soy como un inglés de pro perfectamente integrado en la vida cotidiana del país. Nada más lejos de la realidad: la lengua que nos enseñaron en la escuela o la ikastola no tiene nada que ver con el idioma que aquí se habla. De hecho, como bien saben los expertos en lingüística, nunca se persiguió una enseñanza del inglés focalizada en la conversación y el uso natural y cotidiano de la lengua, sino meramente en la gramática. De poco nos sirve escribir un inglés decente si las rutinas diarias van desde hacernos entender en el supermercado a preguntar sobre un lugar al que deseamos ir; pasando por interactuar en una biblioteca, en la Universidad o, qué narices, en la taquilla del multicine.

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Reflexiones a propósito de la vida… y la muerte

Uno de mis tíos está a punto de morir anticipadamente, víctima de un cáncer más bien galopante que le afecta al esófago. La muerte es nuestro sino como seres humanos que somos. Pero es lamentable que haya personas que no alcancen la plenitud antes de dar ese paso; y, lo que también es muy triste, mueran antes de lo que habría sido deseable e incluso lógico desde un punto de vista de vista meramente fisiológico.

 

Sólo Dios sabe cuántos días o semanas le quedan. Por eso, antes de que la emoción me invada, prefiero hacer de modo anticipado algunas reflexiones al hilo del que parece ser su inminente deceso. Y, si sirve a modo de obituario, adelante pues.

  1. Mi tío no sacó el máximo meollo a la vida. Desoyendo los consejos del insigne profesor Keating -siempre lo recordaremos gracias a la película El Club de los Poetas Muertos-. En vez de explorar nuevos universos, se conformó con ver la vida pasar. Aún lo recuerdo viendo un documental sobre algún paraje paradisíaco y diciendo, con aire socarrón: “Es un sitio cojonudo, ¿verdad? Pues mírame, bien cómodo que estoy viéndolo desde el salón de mi casa”. En realidad, mi tío pasó los mejores años de su vida saliendo de su casa para ir al taller; del taller al bar; y del bar a su casa. Una vez jubilado, de su casa al bar y del bar a su casa. Salvo honrosísimas excepciones -y a falta de conocer cómo pasó su primera juventud y sus años antes de casarse con mi tía-, no fue a setas, no pescó, no cazó, no fue al monte, no fue al cine, no fue a bailar, no coleccionó sellos o monedas, no leyó, no cocinó en una sociedad gastronómica. Esta larga enumeración no está escogida al azar, sino inspirada en la vida de mi señor padre, pero que podría corresponderse con un buen número personas jubiladas o incluso sin jubilar.
  2. Mi tío fue un hombre triste que lo tuvo a su favor y que, sin embargo, no supo apreciarlo. Tuvo un buen empleo (fijo) como gemólogo-joyero; compró un buen apartamento; vivió una vida acomodada de clase media; tuvo hijos; y, sobre todo, una estupenda esposa que se desvivió por él, hasta el punto incluso de abandonar una prometedora carrera profesional en el sector del secretariado de dirección… Sin embargo, fue capaz de decir -según testimonio de mi tía-, ya en su jubilación, que la vida era una mierda. Que se lo diga a las decenas de miles de jóvenes estancados profesionalmente y sin apenas perspectivas.
  3. Mi tío se casó con una flor (mi tía) y, a base de frialdad e indiferencia hacia ella, la flor terminó marchitándose. La enfermedad física que sufre tiene probablemente origen genético, ya que tanto mi madre como dos de mis otras tías y quien fuera su madre, mi difunta abuela, también la han padecido. Sin embargo, la enfermedad mental de mi tía no fue causada precisamente por una herencia genética, sino probablemente por la toxicidad (créditos para el bueno de Bernardo Stamateas) de su marido. Su inminente fallecimiento podría representar una nueva oportunidad vital para ella… siempre y cuando los daños en su psiqué no sean ya irreversibles, cosa que está aún por ver.
  4. Mi tío castigó su salud hasta límites insospechados. Fumó como un carretero y bebió como un cosaco. Que el alcohol puede resultar una droga es algo que la ciencia médica ha demostrado hace tiempo, aunque en el caso del tabaco la evidencia aún más sostenida. Como todo el mundo sabe, fumar como si no hubiera mañana no implica necesariamente contrar un cáncer. Sin embargo, la ciencia médica ha sabido también demostrar que cada cigarrillo -con su correspondiente carga de arsénico, alquitrán y otras sustancias que prefiero no recordar (acabo de comer)- supone un boleto más en la gran rifa cancerígena. La pregunta que me surge (y no es la primera vez que aludo a ello) es: ¿Cuánto tiempo más dejaremos pasar antes de llevar a las empresas tabacaleras ante el Tribunal Internacional de La Haya bajo acusación de Crímenes contra la Humanidad?

A nadie le hace gracia celebrar un funeral cuando la vida que se va pudo ser distinta: más sana, más plena… No me cabe ninguna duda de que mi tío alcanzará la Gloria, a menos que haga gala -Dios no lo quiera- de una soberbia olímpica. Tout es pardonné. Estoy imaginando su cara de asombro mientras se dice a sí mismo, sonriendo: “La ostia, viví como un julay… pero hay que joderse, ¡la suerte que he tenido de llegar a donde ahora estoy!”. Así sea. Goian bego. Requiescat in pace.

“Andereños del Islam”

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He querido reproducir de modo íntegro la portada periodística con la que hace unos días me desayunaba merced a un colega que me puso sobre aviso a propósito de la noticia (inquietante noticia, a mi entender). Hemos pasado mucho tiempo tratando de hacer entender a autoridades académicas, padres e incluso adolescentes y jóvenes sobre la conveniencia de que en cada ámbito vital se hagan las cosas con un mínimo de serenidad, equilibrio y, sobre todo, sentido común.

En España rige un statu quo peculiar, en el que el Estado mantiene un estrecho acuerdo con la Iglesia Católica Romana. Si bien se trata de un trato más que polémico, también es justo reconocer que, merced a la Iglesia Católica Romana, en España son muchas las personas que se benefician de ese statu quo (personas necesitadas y en riesgo de exclusión, merced a Cáritas, por poner un sencillo ejemplo). Sin embargo, no es ése el tema del que quería hablar hoy.

Me refería líneas más arriba al sentido común, aquél al que algunos llaman el menos común de los sentidos. Como decía, al hablar del ámbito vital, hay sitio para todo: la religión, entendida como vivencia que compartir con adeptos de un mismo credo, ha de vivirse en el templo. Llámesele parroquia o mezquita, pero templo, a fin de cuentas. Sin embargo, el estudio del hecho religioso en todas sus facetas e independiente de un credo concreto es harina de otro costal y objeto de estudio como tal en el ámbito educativo.

Se ha luchado -y se sigue luchando- porque la gente comprenda que las escuelas de nuestras ciudades no son extensiones de las parroquias de unas y otras confesiones cristianas. Son simplemente centros educativos donde, en el marco de la educación integral de sus alumnos, se imparte también una asignatura que podrá llamarse “religión”, “marco cultural judeo-cristiano” o como ustedes quieran llamarla; pero que, en cualquier caso, no ha de compararse con una catequesis propia de parroquias.

Por consiguiente, si no vamos a convertir la clase de religión en una catequesis cristiana, ¿por qué habríamos de convertirla en un adoctrinamiento musulmán? La clase de “marco cultural judeo-cristiano” adquiere su máxima importancia si tenemos en cuenta que ése es el mundo que vivimos, lo cual no es óbice para que precisamente en el ámbito de esa asignatura se hable del Islam, religión que cuenta con cientos de miles de adeptos en el mundo.Y es bueno que así siga siendo.

No puede pretenderse otra cosa, por lo que me pregunto en qué estaría pensando el redactor/editor de EL CORREO al colocar en su portada semejante titular. No pueden exister andereños del Islam salvo precisamente en aquellos países donde el Islam adquiere su máxima expresión. ¿O es que acaso tendría algún sentido llevar a profesoras de cristianismo a una escuela de Dubai?

Claro que, últimamente, nos estamos volviendo un poco locos con todo esto del multiculturalismo, probablemente porque lo hemos entendido bastante mal. El mundo ya es multicultural “per se” y no es necesario forzar las cosas. De modo que, para andereños, nos bastan con las que ya enseñan a nuestros niños un compendio de asignaturas (llamémosle currículo educativo) que puede considerarse, en cualquier caso, como un intento por brindar a los alumnos una educación integral. La agenda de nuestros pequeños y jóvenes ya está demasiado agostada como para, además, meterles una asignatura en la que, en el mejor de los casos, se les va a hablar de un sustrato socio-religioso que les pilla muy, muy, muy lejos. Cada quien en su casa; y Dios en la de todos. Zapatero a tus zapatos. Cada mochuelo en su olivo.

¡Sólo es rock, necios!

Sí, lo sé: he dicho “necios”. El Ayuntamiento de la Ciudad de los Prodigios (para quienes me siguen desde hace poco tiempo, esa urbe es Vitoria-Gasteiz) se supera a sí mismo en necedad, al tiempo que deja pasar una oportunidad tras otra dejar de ser una ciudad ejemplar en muchas facetas y convertirse en una ciudad casi perfecta. Pero, ahora, resulta que para rizar el rizo de la corrección política hemos de corregir la ínfima presencia de mujeres en el cartel del Azkena Rock Festival.

Para que nadie se me despiste -y pecando de autobombo por una vez-, les presento una lista con mis cinco bandas de rock favoritas:

  1. Iron Maiden.
  2. Metallica.
  3. Wasp.
  4. Stryper.
  5. Megadeth.
  6. Amon Amarth.
  7. Sodom.
  8. Judas Priest.
  9. Dio.
  10. Motörhead.
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Logotipo de la 10ª edición del Azkena Rock Festival (Iturria: Dod Magazine)

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Conócete, acéptate, supérate

Esta frase de San Agustín encierra una auténtica filosofía de vida. Siglos antes de que se inventara el coaching, el de Hipona tuvo muy claro que la introspección combinada con la aceptación consciente de lo que somos constituía una garantía para construir una personalidad equilibrada y libre de neurosis. Sin embargo, su máxima habría quedado muy coja si no se le hubiera ocurrido añadir la capacidad de superación todo ser humano debería poner en práctica.

Vivimos en una era hedonista en la que se pone un gran énfasis en el amor a uno mismo -que en sí es muy conveniente y beneficioso para nuestra salud mental-. Sin embargo, creer que somos individuos completos sólo porque ponemos énfasis en la siempre recomendable autoestima podría llevarnos a convertirnos en personas que no piensan en retos y desafíos que nos lleven a crecer.

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Iturria: Stop Gordofobia

Pensaba en todo esto hace unos días cuando se presentaba en sociedad el Colectivo Ramonak, una asociación compuesta por mujeres con sobrepeso. En teoría -sobre el papel- el objetivo no sólo interesante, sino muy noble. Que nadie sea discriminado por su forma física, porque somos mucho más que huesos, músculo y piel. Somos seres humanos dignos de respeto y, ante cualquier burla, discriminación o maltrato -del tipo que sea- la tolerancia ha de equivaler a cero.

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Mentiras en la red 3.0

No existe un muro entre México y Guatemala; ni Donald Trump escondió la efigie del reverendo Martin Luther King en el Despacho Oval. La chica agredida en Murcia había sido agresora instantes antes -aunque en un principio no pudiéramos verlo, dado que el vídeo había sido editado-; y Barack Obama no le tocó el trasero a Melania Trump -el vídeo había sido manipulado-.

Probablemente ustedes ya conocen estos cuatro ejemplos y es posible que esté pensando en algunos más que han sucedido hace unas semanas o tan sólo unos días. Porque el fenómeno no sólo carece de visos de remitir sino que, más bien, tiende a ir a más. Duele, ¿verdad? Resulta indignante que cada vez sea más difícil distinguir realidades más o menos objetivas de simples bulos.

Las grandes batallas ya no se libran sólo por medio de armas. Ahora, de hecho, la guerra es fundamentalmente mediática… incluso cuando se trata de guerras. Sí, son contiendas que, en términos generales, quedan lejos de nuestras respectivas zonas de influencia. Pero la guerra de los datos; las mentiras o las medias verdades; en fin, la manipulación están al orden del día, tanto o más que en el marco contextual de una guerra.

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El diálogo interreligioso, ¡bien entendido!

Dialogar entre religiones puede considerarse ya como uno de los signos de los tiempos que vivimos. La movilidad sociológica a la que nuestro mundo asiste desde hace prácticamente décadas -¡y qué decir del éxodo de miles de refugiados!- nos condena, por así decirlo, a entendernos. Sólo seremos capaces de construir un mundo mejor si permitimos que el respeto y la concordia estén por encima de todo. No obstante, el respeto ha de estar construido sobre la sana autoestima que todos merecemos disfrutar.

Todo aquello que pensemos en torno al diálogo interreligioso no debería ser demasiado diferente a lo que pretendamos establecer a propósito del diálogo intercultural. Desgraciadamente, en ninguno de los dos ámbitos se está obrando de un modo óptimo.

Sea que se dialogue (de facto) o sea que, sencillamente, convivamos sin hacernos daño y respetándonos en nuestro modo de obrar siempre dentro de un marco de mínimos apoyados en el respeto de la dignidad humana, nadie deberá ser obligado a claudicar y abdicar de su fe ni de su cultura.

Leído sobre el papel a nadie se le ocurriría pensar que ha de ocultar su fe o su cultura. Es decir, que, si se trata de una persona musulmana, tenga que dejar de expresarse libremente en calidad de creyente islámico. Si un seguidor del camino del Profeta Muhamad no debería callar la creencia que profesa, ¿por qué un creyente en el camino del Evangelio de Jesucristo debería de arrastrar su triste alma cristiana por esos mundos de Dios… hasta el punto de consentir aberraciones como decorar la cabeza de una figurita de la Virgen María con un burka? No se trata de un ejemplo inventado, sino de un hecho sucedido el pasado año en una parroquia de Imola (Italia). Bajo estas líneas pueden observar la ocurrencia del sacerdote titular de la citada comunidad católica romana.

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